jueves, 19 de julio de 2007

Dios

La muerte de un Dios, el nacimiento de la fe.


El dios extenso, inmortal, omnipotente, todopoderoso, castigador y benévolo, magnífico y humilde, en resumen el dios católico, para mi no lo hay, pues mis dioses son mas terrenales, mas humanos y menos magnánimos, mas tangenciales, mis dioses son Darwin, Oparín, Aristóteles, Nietzche…, hombres q en realidad demostraron su grandeza, hombres q destacaron entre los hombres, hombres que, como Galileo, murieron luchando por sus ideales, luchando contra algo mucho mas poderoso, la Iglesia de la fe. Estos son mis dioses, los que realmente están detrás de parte de la verdad y que con su duda y su trabajo supieron ir apartando el velo que la Iglesia había tendido delante de nuestros ojos. Fueron estos hombres los que arrancaron este inmundo entramado de mentiras que es la Iglesia católica, los que desmantelaron su teoría de la Creación, esa Iglesia que utilizó a un pobre diablo como Jesucristo, encarnación humana de la esperanza, y a un “Dios” para manejar a la humanidad a su antojo durante siglos, para intimidar, matar, coartar, censurar, prohibir,… Para predicar con la espada y así conseguir sus victorias en las cruzadas, en la Inquisición, para ponerse del lado de los fuertes cuando se supone que es una iglesia destinada a ayudar a los pobres y desamparados, aquellos que eran ayudados por Jesucristo, para ponerse del lado de los dictadores, para manejar en resumen los designios de la humanidad. Pero llegaron estos hombres que fueron tirando de la cuerda y ¡¡zás!!, se corrió el velo, nos invadió la luz y lo vimos todo claro, no hay Dios, solo la invención mejor planeada y llevada a cabo por el hombre, el mejor invento de la humanidad, un invento del hombre para manejar al hombre, el invento mas terrorífico de todos. Pero ya se acabó, ya llegó la luz. Consiguieron ya los hombres de ciencia tumbar esta oscura fe, la fe de la ignorancia y traen ahora una nueva, la fe en el hombre, la fe del saber, la fe de la esperanza, la fe en nosotros mismos, pues todos podemos ser dioses ayudando a los demás en todo aquello que podamos, podemos salvar vidas, pero no seamos predicadores, seamos como dijo el doctor Benjamín Franklin: “el mejor predicador es la hormiga, que no dice nada”, ya que solo trabaja en el afán de aportar su grano de arena en el inmenso hormiguero, un grano de arena insignificante en tamaño, pero enorme en significado, ya que es el granito de la ayuda a los demás, un grano no es nada, pero uno por cada hormiga… Seamos pues Dioses del día a día, seamos las hormigas de la Humanidad.

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