Nûmbia, alma en pena.
Nûmbia, mujer por muchos hombres codiciada,
mas su pena era terrible y enorme,
no podía compartir el amor de ningún hombre
y fue por ello siempre desdichada,
desdichada como la rosa
que, codiciada por la cabra
sabe que le llegó su hora
jamás consiguió esta bella mujer ser amada,
raramente fue feliz y nunca libre,
no podía compartir el amor de ningún hombre
pues nunca había aprendido a amarse,
amarse como lo hace la blanca y negra golondrina
que surca el aire feliz y libre,
pero que al mismo tiempo se sabe anodina
no pudo nunca así por el amor ser maltratada,
su vida fue larga, pero siempre desde su torre,
no podía compartir el amor de ningún hombre,
siempre acompañada, pero sola,
sola como en el mismísimo olvido
que cuando decide se corre
dejando un bello velo tupido
y cuando sintió que moría
se dio cuenta y lloró,
ya sabía que era el amor,
era esa cruel sensación de dolor,
ese vacío en su corazón,
y en su último estertor sintió,
sintió que ere débil y moría sola,
ahogada en malgastadas lágrimas de melancolía,
melancolía por un amor que nunca existió
en el gran vacío de su corazón.
Finalmente la vida de Nûmbia expiró,
su cuerpo se apagó,
pero su espíritu como alma en pena vagó
y vagará por siempre recorriendo el mundo,
observando en las personas lo más profundo,
en busca de aquello que nunca encontró,
el poblador del corazón,
ese magnífico sentimiento,
el maravilloso y efímero amor.
PD: para amar a los demás hay que empezar por amarse a uno mismo y amar la vida que nos toca vivir, esto es fundamental para poder compartir todo lo que tenemos, amor, amistad, afecto. Si no sabemos hacer esto aprendamos, puesto que de lo contrario nos limitaríamos a observarlo como Nûmbia que como alma en pena desde su acompañada soledad lo observaba sin verlo y nos lamentaremos al igual que ella en nuestro lecho de muerte. Hacuna Matata, vive y se feliz.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario